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Criar y Amar

 

Criar y Amar

Criar y amar, el portal de la crianza con respeto.

Parto respetado, lactancia, sueño infantil, educación, disciplina positiva.

Basamos nuestra filosofía en el "attachment parenting" o crianza con apego.

¿Qué es la crianza con apego?

 

Dar a luz: recibiendo a un nuevo ser
Jueves 30 de Noviembre de 2006 23:38
Índice de artículos
Dar a luz: recibiendo a un nuevo ser
Dar a luz II
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ImageEl nacimiento de un ser humano se puede contemplar desde una perspectiva fisiológica o desde una perspectiva emocional (o, por supuesto, desde una perspectiva espiritual).

    Gracias al trabajo y a las investigaciones del Doctor Michel Odent podemos comprender el proceso y las respuestas fisiológicas del nacimiento, tanto en la madre como en el bebé, que además encajan como piezas de un puzzle con las investigaciones en psicología, tanto a nivel teórico como clínico, especialmente a través de procedimientos terapéuticos que permiten al paciente vivenciar –ver y sentir- hechos concretos acontecidos dentro de su madre y naciendo. Podríamos preguntarnos si estas vivenciaciones son fruto de la imaginación de los pacientes, pero para los que trabajamos con estas técnicas de regresión no cabe ninguna duda de su realidad puesto que siempre que hemos contrastado los hechos que los pacientes relatan con la versión de madres y padres, se ha comprobado su veracidad. Esto nos ha permitido acceder a cientos de relatos en vivo y en directo de lo que siente un bebé desde el mismo momento de la concepción. También comprender la influencia que tienen la gestación y nacimiento, no sólo en el presente del bebé y niñ@, sino también en el resto de su vida. Hace tiempo quedó escrito que “En la historia de una persona, su gestación y nacimiento contienen hechos más transcendentales para él, que los ochenta años restantes”. Esta afirmación puede parecer exagerada o incluso falsa, pero una vez se comprende cómo siente un bebé en el útero materno o naciendo, una vez que se comprueba cómo las raíces de nuestra forma de ser más profunda y las causas de patologías o desarmonías que nos afectan de adulto se encuentran en estas épocas de la vida, esta afirmación adquiere el valor de una auténtica verdad.
Y esta verdad nos otorga a madres y padres una gran oportunidad, y también una gran responsabilidad, para influir en el futuro de nuestros hij@s.

El nacimiento

A nivel fisiológico el nacimiento es un proceso complejo que exige el máximo de los cuerpos del bebé y de la madre. El Dr. Michel Odent demuestra la importancia del estado mental y emocional de la madre para el funcionamiento adecuado de los mecanismos que la naturaleza tiene previstos para el acto de dar a luz. Su implicación en el aprovechamiento del cóctel de hormonas que se generan, entre las que destacan las endorfinas –morfina endógena, que producen madre y bebé- y la oxitocina –genera contracciones del útero, induce el amor maternal-, que sólo podrá segregarse si no se produce adrenalina, al ser antagonistas. La adrenalina se produce ante una situación de peligro, de miedo, de inseguridad y ello nos da pistas para pensar qué aspectos debemos cuidar en el entorno del nacimiento. El Dr. Michel Odent aboga por un parto que hay que “mamiferar” en el sentido de respetar el proceso instintivo, natural, del nacimiento, a través de la intimidad, la seguridad, la temperatura adecuada, el lenguaje utilizado con precaución, la penumbra.

Desde la perspectiva del bebé, su nacimiento es un hecho de alta carga emocional. Abandona el cálido y protector útero para surgir a un mundo desconocido a través de un camino largo y lleno de obstáculos, que implicará también la independencia vital respecto a su madre, que le ha facilitado, a través del cordón umbilical, todos los nutrientes y el oxígeno necesario para la vida.


Hoy en día, en la mayoría de los hospitales, se ha convertido algo tan natural como dar a luz en algo “técnico”, frío, olvidándose que el nacimiento es un acto sagrado donde la madre y el bebé tienen necesidades afectivas, emocionales. No se muestran las diferentes alternativas del nacimiento y menos aún sus ventajas, al contrario, se negativizan alegando riesgos importantes para la madre y el bebé.
Un nacimiento hospitalario “típico” hoy en día es: llegan las contracciones y al llegar al hospital, tras una larga o corta espera, se inmoviliza a la madre estirada en una camilla, se le practica enema y rasurado, enchufada al gota a gota, con el cinturón de sufrimiento fetal y a la mínima se le administra oxitocina (que sólo actuará a nivel muscular, pero no cerebral), con lo cual las contracciones se acelerarán, se harán más intensas y dolorosas (se ha roto definitivamente el proceso natural del nacimiento) y por lo tanto tenemos todos los números para la epidural, fórceps, episiotomía o la cesárea.


Al nacer el bebé es cogido por unas manos enormes, desconocidas, hay gritos, ruido, luces cegadoras, le cortan el cordón umbilical antes de que deje de latir por lo que se asfixia y tiene que esforzarse al límite para poder limpiar sus pulmones y poder inhalar ese aire salvador, pasa de unas manos a otras, se le manipula lavándole, pinchándole, pesándole, midiéndolo. Es separado de su madre, en la que ha tenido hasta ahora (toda su vida) su hogar. Para acabarlo de arreglar no se apoya suficientemente el inicio de la lactancia, sin apoyar ni asesorar a la madre. ¡Vaya recibimiento al bebé!

Imaginaros que en este momento os cojo del brazo, os llevo a un aeropuerto y os embarco en un avión rumbo a un país desconocido en donde vivirás a partir de ahora. El avión aterriza y bajas por su escalerilla. Hay una multitud de personas que empiezan a gritarte, a zarandearte agresivamente. Nadie te ayuda. No conoces a nadie. Estas solo e indefenso. Ahora, en cambio, supón que al bajar las escalerillas del avión la gente te recibe con sonrisas, abrazos, flores, hasta una banda de música toca en tu honor. ¡Sorpresa! Están todos tus seres queridos esperándote, llenos de felicidad por recibirte.

 



 

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